Cotidiano
Lo cotidiano me aburre porque no pasa nada, nadie es protagonista de nada. Claro que me gustan las personas que se toman su día a día con buen humor, trato de hacer lo mismo, pero sigue siendo cotidiano.
Que llegue el fin de semana y vea a mis amigos es cotidiano. Que pasemos una noche de marcha, es cotidiano. Que el domingo me levante a las tantas es cotidiano. Que no salga una noche, que me levante temprano, compre el periódico y me tome un café leyéndolo, también es cotidiano, y es cotidiano porque no pasa nada, sólo las horas del día en distintos momentos, horas cotidianas, llenas de cotidianidad, de colores distintos, largas o cortas, con risas, bostezos o sin nada, llenas o vacías, cotidianas en definitiva.
Que lea blogs es cotidiano, que me emocionen, que me entristezcan, que me hagan sentir compasión, que me ría, que me pongan caliente, que me aburran. Todos, todos me resultan cotidianos. Todo lo que hago, y mira que hago cosas distintas, todo, todo siento que es cotidiano, que es como debe ser, como es.
A veces pienso que no sé sentir, que soy un cotidiano más, que soy sólo alguien más, alguien cotidiano inmerso en una trampa de cotideanidad cotidiana de lo cotidiano.
Y en lo más profundo de mi ser me siento profundamente aferrado a esta vida, a esta vida que no comprendo bien del todo, pero a la que siento que dejo pasar sin darme cuenta de nada, perdiéndome no sé qué, perdiéndome en lo cotidiano, en lo que debe ser. Y lo que yo quiero es explotar en colores de vida, de energía, de ilusión y pensar en lo cotidiano como lo que debería ser: la materia que rodea a las cosas que de verdad importan.
Cumplo con lo cotidiano, y probablemente seguiré cumpliendo, qué remedio, pero quiero sentirme extranjero de lo cotidiano en algún momento, no saber hablar el mismo lenguaje y visitarlo como el que visita un país ajeno, con curiosidad.
Quiero que este post no sea cotidiano, y lo es. Quiero que mi blog no sea cotidiano y lo es. Quiero que sentarme delante del ordenador a leer, a escribir, a jugar, a ver pasar el tiempo, no sea cotidiano, y lo es. Todo, todo lo que me rodea, siento que es cotidiano, que es lo que debe ser, sin más, sin sorpresas. Como es.
Disfruto de las pequeñas cosas infiltradas en la cotideanidad, descubro placeres escondidos en las esquinas de lo cotidiano. Me río en lo cotidiano y de lo cotidiano, pero siento que eso también es cotidiano, plano y cotidiano. Que estoy dentro de una espiral cuyo final está al principio.
¿Alguien sabe cómo salir de aquí? ¿O es que esto es así?
